Viajo con C. a Marrakech a desconectar unos días. C. es mi alma gemela, una de las personas que mejor me comprende. Conoce mi vida mejor que yo. No tengo secretos para ella. Cuando viajamos, dormimos en la misma cama, y ayer me dijo que en sueños le daba besos. Qué cosas. Igual es que empiezo a echar de menos tener a alguien en mi cama de manera perenne. Si fuera hetero, sería mi mujer ideal. Me río con ella lo que no está en los escritos. No pertenece al grupo de las palmeras, que conste. No se corta al cantarme las cuarenta y, a veces, me riñe como una madre.

Siempre que vengo a Marrakech me acuerdo de Carmina, claro. Recuerdo que la criticábamos porque no trabajaba. Qué ilusos éramos. Creo que vivir sin trabajar es un arte. Hay gente que puede hacerlo y no lo lleva a cabo porque le da miedo enfrentarse a una vida sin responsabilidades. Trabajar nos ayuda a no pensar y a sentirnos jóvenes. Ojalá todos tuviéramos la posibilidad de vivir sin dar un palo al agua y dedicarnos, única y exclusivamente a ser felices las veinticuatro horas del día.